Mi hijo/a dice que no quiere ir al colegio. ¿Debo preocuparme?

«Mamá, no quiero ir al colegio». 

Hay frases que todos los padres esperan escuchar alguna vez. Y hay otras que hacen que se enciendan todas las alarmas. 

Cuando un niño dice que no quiere ir al colegio, lo primero que suele aparecer es la duda.

«¿Será una rabieta?» 
«¿Le estará pasando algo?» 
«¿Y si solo está intentando no ir a clase?» 

La realidad es que esa frase, por sí sola, no nos da la respuesta. Pero sí merece que la escuchemos. 

Porque los niños no siempre saben explicar lo que les ocurre y muchas veces nos hablan a través de su comportamiento. 

Hay quien llora al levantarse, quien tarda una eternidad en vestirse, quien dice que le duele la barriga justo antes de salir de casa, quien parece enfadado por todo desde que empezó el curso y hay quien simplemente repite cada mañana: 

«No quiero ir» 

Como adultos, es normal que intentemos tranquilizarles rápidamente. «No pasa nada» 

«Ya verás como luego te lo pasas bien» 
«Todos tenemos que ir al colegio» 

Lo hacemos con la mejor intención. 

Pero, a veces, sin querer, pasamos por alto la pregunta más importante.

¿Qué hay detrás de ese «no quiero ir»? 

Porque no todos los niños dicen esa frase por el mismo motivo. 

Para algunos supone enfrentarse a la separación de sus padres. Para otros, volver a una rutina después del verano. Algunos tienen miedo a equivocarse. Otros sienten que no encajan con sus compañeros.

Y, en ocasiones, ese rechazo puede ser la forma que encuentran de pedir ayuda cuando todavía no saben poner nombre a lo que sienten. 

Eso no significa que debamos alarmarnos cada vez que un niño protesta por ir al colegio. 

Es normal que algunos días les cueste más levantarse, igual que nos ocurre a los adultos cuando terminan las vacaciones o empieza una semana especialmente intensa. 

La diferencia suele estar en la intensidad, la frecuencia y el tiempo. 

No es lo mismo un niño que protesta un lunes porque preferiría quedarse en casa, que otro que lleva semanas llorando cada mañana, presenta síntomas físicos antes de entrar al colegio o vive con un malestar que no disminuye con el paso de los días. 

Ahí merece la pena detenerse. 

No para sacar conclusiones precipitadas. Sino para intentar comprender qué necesita. Porque, a veces, detrás de un «no quiero ir al colegio» no hay falta de ganas de aprender. Hay miedo. Inseguridad. Ansiedad. O simplemente un niño que todavía no sabe cómo decir: «Necesito que me ayudes» 

Como padres, no siempre tendremos la respuesta. Y está bien. 

Nuestro papel no consiste en adivinar lo que les ocurre, sino en ofrecerles un espacio donde puedan sentirse escuchados mientras tratamos de entenderlo juntos. 

Porque, cuando un niño siente que un adulto intenta comprender lo que hay detrás de sus palabras, ya no tiene que cargar solo con aquello que le preocupa. 

Y, a veces, ese es el primer paso para que vuelva a entrar al colegio con más tranquilidad.

Sobre Carmen Martínez 

Carmen Martínez es Psicóloga General Sanitaria, especializada en psicología infantil y juvenil,  y fundadora de CreSer, Centro de Psicología y Desarrollo Infantojuvenil en Granada. Desde su consulta acompaña a niños, adolescentes y familias, abordando dificultades emocionales, trastornos del neurodesarrollo, alimentación infantil y trastornos de la conducta alimentaria. Compagina la práctica clínica con la divulgación en salud mental para acercar la psicología basada en la evidencia a las familias.

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